La esperaba en la puerta de su trabajo.
Eran seis menos cuarto, pero la ansiedad me carcomía, quería verla, quería que ella me viera.
Quería ver el brillo de sus ojos, cuando alzara frente a ella el ramo de flores, que con tanto cuidado le había elegido.
Hasta que la vi, dobló por el pasillo rumbo a la puerta, y cuando me vio, puso la cara que solo pone cuándo me ve a mi, y de inmediato su boca devino en exposición de dientes.
De pronto, sentí el sonido, y la quemazón en la sien. La bala se alojó en mi mente.
Frente a sus ojos impactados, cayó mi cuerpo, coronado por las flores.
Nunca capturaron a la asesina, que sigue actuando con la misma impunidad, pero algunos vecinos la vieron escapando del lugar.
Dicen que la podrían identificar, llegado el caso. Al fin y al cabo, ver huir a una billetera armada, no es cosa de todos los días.
Crítica (sin spoilers) de Oppenheimer
Hace 2 años
