Otra vez recorro esas calles, solo, borracho. Vuelvo a casa. La noche es fría, y el viento me pega en los ojos haciendo que el líquido que los recubre se corra hacia atrás, a los costados de mi cara. Lo seco con mis muñecas y dudo: ¿será el viento, o la tristeza?
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Vuelvo a casa, otra vez solo, aunque acompañado: el bondi está hasta las tetas, y el libro se deja leer. Abstraído de la situación, noto algo muy bueno en mí: uso un calendario cómo marcador. Quedo contento, tengo un buen término de viaje.
Crítica (sin spoilers) de Oppenheimer
Hace 2 años
