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martes, 1 de julio de 2008

Imprecato

Los tres hombres se encontraban en la sala. En una de las paredes, un gran espejo le hacía saber al criminal que al otro lado había más gente mirando.

El agente de la ley (aquí le llamaríamos policía) lo intentaba interrogar, y el traductor lo asistía en sus funciones. Era común que los detenidos en el aeropuerto no hablaran el idioma local.

DETENIDO – No entiendo, ¿ustedes dicen qué me detienen por ser rubio?

TRADUCTOR – Si.

DETENIDO – Pero ¿es ilegal ser rubio? No entiendo, no lo sabía.

TRADUCTOR – Sadi no se le monard be imprecato. No precure.

AGENTE – Is. De lix amuse, no probeca de limprebilit.

TRADUCTOR – El desconocimiento de la ley no lo exime de culpabilidad, mi amigo. Marchó.

DETENIDO – Vayanse bien a la concha de su madre.

TRADUCTOR – sadi de írteli nela pepa del menora.

AGENTE – Mela garré. De marcant la goní prelatio en bagach.

TRADUCTOR – Dice que le chupe la pija. Y pregunta qué es el libro que traía en su bolso de mano.

DETENIDO – Una guía de turismo.

TRADUCTOR – Aturist güidans

AGENTE – Melgui tu reder de conti tusión; ¡ponetélagatorra!

El traductor y el agente se cagan de risa con ésta última frase. El detenido los mira con la misma confusión de siempre. No entiende nada.

TRADUCTOR - Dice que mejor hubiera leído el código civil; ¡Zopenco!