Apenas puedo contar mis amantes con los dedos de mis manos, llego justo, son nueve, pero esos seis meses de trabajo en la carpintería del Neco han dejado en mí, huellas imborrables. Y no lo digo por el dedo que me falta, más bien lo menciono por la amante que perdí, justamente allí. Ella no se fue por lo del dedo. Se fue porque me metí con otra. La otra no me dio bolilla, no porque yo no le hubiese tirado una propuesta interesante, ni porque hubiera salido con la primera, sino por lo del dedo.
Tomando en cuenta los dedos de los pies, me quedan diez posiciones para ubicar a las próximas, y seguirlas contando con los dedos, salvo que alguna otra fatalidad reduzca, nuevamente, mis posibilidades de administración de amantes. Me pregunto que voy a hacer después, no porque me interese, por preguntar nomás.
Lamentablemente hace diez meses que no encuentro otra compañera de cama, con lo cual he arribado a la conclusión de que, junto con la imposibilidad de continuar con la cuenta, como una maldición, llegó el fin de mi triste carrera sexual. No por ser rápida, sino por corta (la carrera).
Crítica (sin spoilers) de Oppenheimer
Hace 2 años
