Palabras Duarte nació en un país de mierda, no importa cual, piense usted, amigo lector, en el país de mierda que a usted le plazca, a Palabras, la cansera le impidió conseguir un trabajo digno, con lo cual, siempre fue amigo de la reposera y el matecito dulce, además del latón de agua tibia para los pies, y la Condorito.
Si se me permite, voy a hacer un comentario al margen, si usted pensó en su propio país cuando se le pidió que piense en un país de mierda, sepa que es un depresivo del carajo, y que no tiene, ni va a tener jamás, la lástima de nadie, el mundo no se va a detener para mirarlo llorar, querido.
Volvamos a lo nuestro, llevando esa vida apacible, Palabras, siempre fue un muchacho bonachón, de buen humor, y buen semblante.
Solamente había una cosa que lo ponía de mal humor, y que lo hacía pensar en las peores represalias para con sus congéneres. Que se confundieran los términos.
Los juegos de palabras, puntualmente, decía Palabras, no son el ahorcado, el crucigrama, el scrabble, la sopa de letras, y muchísimo, pero muchísimo menos, esas frases ingeniosas que, en general, son creadas por hombres como Leo Masliah, que por su bajísima autoestima, necesitan mostrarse como creativos y perspicaces, para que la gente los quiera.
Según Palabras, los juegos de palabras, eran aquellos juegos que, o bien eran propiedad de él, o bien habían sido propuestos por él.
Y guay del que lo contradijera.
Crítica (sin spoilers) de Oppenheimer
Hace 2 años
