El olor no es problema mío, el problema es que mi olor molesta a los demás. Y no es asunto de higiene, yo me baño, sin embargo a la hora, hora y media, Dios se olvida de su omnipresencia por no acercarse a mí.
Por hablar sin eufemismos, podríamos decir que no es olor feo, quizá deberíamos llamarle simplemente hedor. No entiendo porqué, pero resultó que los efluvios de mi cuerpo son pestilentes, nauseabundos, y penetrantes.
El problema del olor no es mío, el problema que sí es mío es que no encuentro con quién aparearme. Digo, al menos nadie lo ha hecho sin vomitar.
Lamentablemente, llegando a la mitad de mi vida, no he podido solucionar este problema ajeno a mí, sin embargo, ya se como salvar la vida de mi hijo, en el caso de que él llegue. Mi hijo no va a apestar, por definición.
Mi hijo se va a llamar Inodoro.
Crítica (sin spoilers) de Oppenheimer
Hace 2 años
