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domingo, 23 de mayo de 2010

De compras

—Buenas, me da cien gramos de machismo, por favor.
—Pah… sabés que justo no me vino el repartidor, no me está quedando, lo que te puedo ofrecer bien en precio es el medio kilo de caballerosidad
—No, te agradezco, entonces voy a llevar un paquete de orgullo.
—Lo vendí todo hace un ratito…
—¿Y pa’ qué tenés el local abierto, papá?
—Bueno, amigo, no se enoje, lo que le puedo vender es la promo de autoestima, viene con un paquete chico de seguridad de regalo.
—Lo que me parece que andan regalando acá son eufemismos. Déme doscientos de leonesa, nomás.

martes, 13 de abril de 2010

Las cartas eróticas de la abuela

Y resulta que sí, resulta que ahora te sorprenden las cartas eróticas de tu abuela Chacha al abuelo —que en paz descanse—, Aníbal. Después la condenás. Después condenás que sea conservadora, qué te diga que no entregues de primera, pero sos la primera en saltar al descubrir que la nona también hablaba en prosa sobre sus humedades. ¿Y qué pasa si te digo la verdad? ¿Qué pasa si te digo que la nona más de una vez se me insinuó mostrando su escote de piel floja y vestidos deslizantes? ¿Qué si te digo que también yo pasé una mano descuidada por el final de su espalda y exalté ese nervio al que los demás —incluido el gerontólogo— llaman ciático? No reprimas, ni a vos ni a otros, al final la cosa es como dice el tío Raúl, todo el mundo tiene derecho a estar excitado.

lunes, 5 de abril de 2010

El Metacuaderno Rojo

El Cuaderno Rojo, es un libro escrito por Paul Auster, que habla acerca del peso del azar y la coincidencia fortuita en la vida –y en la muerte- de todos. Está escrito en forma de relatos breves y no ficcionales, sino más bien como anécdotas que realmente le ocurrieron al escritor. Está muy bueno, aunque me pareció un poco caro para lo finito que es. Los precios de los libros siguen siendo un misterio para mí. Igual lo recomiendo. La siguiente, es una anécdota, que cuenta algo que realmente me pasó el día que leí El Cuaderno Rojo.

Pocas veces había estado en el campo más que una tarde, así soy, vivo en el centro y como no me basta con el humo de la ciudad me meto el del tabaco, sin embargo, por ser Semana Santa, tuve unos días libres en el trabajo y me invitaron a ir al campo a hacer asados, respirar aire puro, y cosas que la gente hace en el campo.

Nunca había viajado a V., así que cuando subí al ómnibus con El Cuaderno Rojo bajo el brazo no sabía que la duración del viaje sería la justa para terminar de leer la última página, el último punto, en el momento exacto en el que el chofer pisó el freno y anunció la llegada a la terminal. Me resultó curioso descubrir la coincidencia entre la duración del viaje y mi ritmo de lectura más la siesta justo en el medio del libro.

Cuando llegué finalmente al campo, lo primero que hice fue ir a dejar mi mochila a la habitación donde dormiría esa noche. Al dejarla, vi que en la mesa de luz de la que sería mi cama por ese par de noches había un libro titulado “No es Cuestión de Suerte”. Otra vez me entretuvo pensar en la casualidad de que, siendo que yo había leído un libro que hablaba de la gran influencia que puede tener la suerte en nuestras vidas, otro libro que descansaba en el campo parecía tener un sentido antagónico al mío.

Pero no fue hasta que me acerqué a mirar la tapa que descubrí el último guiño, resulta que una de las coincidencias que cuenta Paul Auster en El Cuaderno Rojo consiste en un juego de palabras con los nombres de un dúo de abogados, los tipos se llaman Argue & Phibbs, y resulta que eso, traducido al español, y con algunas letras cambiadas puede significar “Discusiones y Mentiritas” (en ingles “to argue” es discutir y “fib” mentirita). El tipo se ríe de que justo esas dos personas hayan decidido ser abogados, y que además, justo ellos dos se hayan juntado para ser socios y tener su estudio de abogados.

Bueno, decía que cuando me acerqué a ver la tapa del libro encontré que el mismo estaba editado por Ediciones Díaz de Santos. Bueno, para ser más preciso, yo lo encontré en días de santos.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Escéptica

Te pido que no seas tan escéptica, quiero que me creas y que vayamos juntos por ahí. No seas desconfiada, si, ya se que tenés malas referencias, pero bueno. Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa, como decía la nona. No creas en lo que te dicen, creeme a mí. Esta vez no miento, sólo digo verdades difíciles de comprobar. Pero finalmente vas a ver que es cierto, que extendiendo los brazos y realizando los movimientos adecuados a la velocidad correcta, técnicamente es posible volar.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Mi primer divorcio (Parte 7)

Le expliqué a Martoni que estaba saliendo con Marina, y que era algo que nos interesaba –por un tiempo- mantener en secreto, le dije que seguramente algún compañero jodón nos habría visto juntos, y le mostré el anónimo, le pedí si no era tan amable de salir y comentar su sorpresa por un supuesto pedido mío de rebaja.

Martoni me miró fijo y me explicó que nunca hubiera esperado esto de mí –somos adultos- me decía, como si nuestras edades fueran parecidas. Se llevó la mano la barbilla, fijó los ojos en el techo, y pensó. Yo temblaba por dentro, y también un poco por fuera. Le sugerí que solamente sería por un tiempo, que después yo mismo me encargaría de contarlo como una anécdota al resto de la oficina.

- Es que no hay tiempo-me dijo.
- ¿Cómo que no hay tiempo?
- Fer, ya lo saben todos.

En ese instante se paró y el primero en llegar fue Joselo, después vinieron todos los demás –felicitaciones a la parejita feliz-, decían, y opinaban acerca de nuestra compatibilidad, entre toda la muchachada, también apareció Marina, ella también sabía de la joda que me estaban haciendo a mí. Yo no entendía nada.

Resultó ser que el día que atendí el celular, el que sonaba no era el mío, sino el de Marina, los dos eran iguales, ya que, en realidad, eran de la inmobiliaria. Así nos descubrió José Luís, y enseguida la encaró a Marina para hacerme esa broma a mí. De alguna manera, y si algo rescaté de eso, fue la confirmación por parte de Marina de que no le molestaba que lo supieran todos, así fue que comenzó nuestra relación.

lunes, 5 de octubre de 2009

Mi primer divorcio (Parte 6)

Martoni era nuestro jefe, el jefe de vendedores, era bastante serio, yo no podía caerle con una propuesta descabellada, así que llamé a Marina para ver qué opinaba. Marina ya estaba mostrando (casas) en la calle y no atendió, teníamos prohibido atender frente a clientes, así que le mandé un mensaje de texto, pidiéndole que me llame apenas pudiera, que era urgente.

Cuándo me llamó, yo ya estaba perdiendo la cabeza, estaba inquieto, caliente, molesto e incómodo, pero ya había asumido que iba a solucionar el problema el mismo día.

- Hola, Mar, tengo que decirte algo urgente –le leí el mensaje y le pregunté qué opinaba-
- ¿Y si le decís a Martoni la verdad, y le pedís que nos banque? –Enseguida de decir eso, me dijo que estaban llegando los siguientes promitentes compradores, así que tuvo que cortar

Me quedé pensando, su idea era bastante buena –pedirle a Martoni que salga de la oficina sorprendido, como si yo le hubiera pedido una rebaja de sueldo, y confesarle que Marina y yo estabamos saliendo-. Era buena, era solamente sumar a un compañero a los que sabían la historia, cosa que iba a pasar, igualmente, al día siguiente, de acuerdo a la amenaza.

Igualmente, había una carta más para jugar, yo sabía que uno de los pocos capaces de hacer eso era Joselo, así que lo encaré:

- Jose, te dejaste un papel en mi escritorio.
- Ah… ¿si? ¿qué era?
- Dale Jose, no te hagas el boludo…
- Enserio, no me doy cuenta.
- ¿Enserio? –la desilusión se me notó enseguida-.
- ¿Qué te pasa Fer? ¿estás bien?
- Todo bien, no te preocupes.

José Luis puso la mejor cara de boludo, y siguió laburando, así que me mandé para la oficina de Martoni. En realidad no era una oficina, era un rectángulo formado por tabiques y rebalsado de papeles, con su escritorio al centro.

viernes, 2 de octubre de 2009

Mi primer divorcio (Parte 5)

Yo no sabía qué decirle, así que solamente dejé fluir las cosas hasta que el vino habló por mí, y -a diferencia de las otras veces- ésta vez funcionó. Es que Marina me gustaba enserio.

Durante varias semanas estuvimos viviendo la historia sin contarle nada a nuestros compañeros, salíamos, pero nos manejábamos con discreción, decíamos que era para que nuestros compañeros no nos molestaran. El tema es que no pudimos mantener la reserva. Fue una anécdota simpática, se las voy a contar:

Uno de los días que salimos, yo me quedé a dormir en su casa, la noche anterior habíamos vuelto a tomar un poco de vino, así que a las nueve de la mañana estábamos soñando -Marina siempre soñaba cosas raras-. Decía, que a las nueve de la mañana sonó mi celular, boca abajo y separando un solo brazo lo agarré de la mesa de luz y atendí. Era un compañero. Por la charla que tuvimos, me pareció que había sospechado algo, pero atribuí mi paranoia al sueño, y su titubeo a mi ronquera. Me hizo unas preguntas sobre la oficina, y a los dos minutos volvió a llamar:

- ¡Uy, perdón! Sin querer volví a marcar tu número, quería llamar a Ricardo (otro compañero de la inmobiliaria).
- No pasa nada, che, todo bien.
- ¡Cómo estuvo esa noche, eh! –Dijo, haciendo clara referencia a mi voz ronca-
- La verdad, el lunes te cuento.
- ¿Estás en tu casa?
- Si ¿por?
- No, de repente te querías venir a comer por casa.
- Gracias, pero más tarde me cae gente en casa, te agradezco, enserio.

Terminamos la llamada con un par de formalismos que no vale la pena detallar y volví a dormir. No me extrañó que me invitara a comer, José Luis era de esos personajes dicharacheros, sociable, divertido, jodón, digamos.

El lunes llegué a la oficina un poco tarde. En mi escritorio había un papel, por suerte no lo había visto nadie, el papel decía:

“Ya se que te estás curtiendo a Marina, cada día que pase se lo voy a contar a un compañero más, salvo que le pidas a Martoni que te rebaje un poco el sueldo”

lunes, 7 de septiembre de 2009

Centro de Asistencia al Suicida

- Buenos días, Centro de Asistencia al Suicida, habla Esteban; ¿en qué puedo ayudarle?
- Hola, Esteban, estoy muy mal, muy solo, hace años, estoy planeando aquello.
- Bien, señor. Dígame: ¿quiere zafar de verdad, o hacer un llamadito de atención nomás?
- No, ésta vez quiero hacer “el bueno”.
- Bien, es su decisión, cuénteme: ¿en qué piso vive?
- Piso 2.
- Ok, creo que no va a ser recomendable tirarse por la ventana. Corre el riesgo de quedar con las piernas quebradas. No es la idea. ¿Armas de fuego, tiene?
- No, la verdad que le tengo un miedo bárbaro a las pistolas.
- Bueno, vamos a ver ¿usted tenía alguna idea?
- Yo estaba pensando en alguna pastilla, pero esa la hice la otra vez y me terminaron haciendo un lavaje de estómago porque mi vecino escuchó mi caída.
- Claro, si nos hubiera llamado, le habríamos recomendado que tomara las píldoras ya recostado en su cama. ¿Tiene alguna pastilla ahora?
- No, muy poquito.
- Usted está de suerte, acabamos de inaugurar el delivery de barbitúricos, obviamente, la paga se realiza por adelantado, y en efectivo.
- En realidad, tampoco tengo mucho dinero.
- Bueno, entonces vamos a tener que pensar en métodos más rústicos ¿cuerda tiene?
- Eso sí, tengo una muy buena, de nylon, muy resistente.
- Perfecto, dígame otra cosa ¿tiene su apartamento alguna viga que pueda utilizar para sujetar la cuerda?
- No.
- Entonces vamos a precisar taladro, unos buenos tacos, y buenos tornillos. Esto tiene que quedar bien, bien firme, sino la paraplejía es casi segura.
- No, no, no puedo tomar ese riesgo.
- Por eso le digo, la instalación tiene que ser hecha con mucho ahínco, no se puede perder detalle. Otra cosa: ¿su casa tiene techo alto?
- No, es bien moderna mi casa, es bajita.
- ¿Y usted es alto? En ese caso podría ocurrir que las patitas, rozando el suelo hagan estragos en la intención inicial.
- Si, soy bastante alto. Creo que va a ser difícil colgarme acá…
- Otra opción es la cortada de venas. El corte de venas es una práctica harto complicada, ocurre que el suicida luego de realizar el corte, ante el dolor, suele apretar la muñeca cortada con la mano opuesta, y de esta manera realiza un torniquete natural que detiene el sangrado.
- ¿Qué opción me queda?
- Y…yo creo que su caso es complicado. No hay otra opción.
- Y bué, no queda otra, entonces. ¡Me quiero matar!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Mi primer divorcio (Parte 4)

A Marina la conocí en un trabajo que tuve durante un tiempo, ese trabajo fue una cosa divina, era en una inmobiliaria. La inmobiliaria era bastante grande, los vendedores teníamos todos celulares de la empresa. Además, éramos muchos. Además, éramos mezcla de hombres y mujeres. Veinteañeros. Y, por si fuera poco, Teníamos llaves de casas vacías. Era comunismo, todos laburábamos por un mismo sueldo y una misma calentura. Y era capitalismo, todos queríamos sacar más comisiones, y engancharnos más compañeras.

Ahí tuve una época dorada –o al menos amarillita y con algún brillo- con las mujeres. Cada tanto pasaba algo. Pero la que me gustaba a mí era Marina, Marina tenía la cara linda y pensaba bien. Pero era una mina jodida. Marina había entrado hace poco, y todavía ningún compañero había podido convencerla. Era de las minas que te escupen con cancha. Con calle. Era una mina desafío. Pero no la encaré por eso, la encaré porque tenía cara linda y pensaba bien.

La encaré porque le gustaba la música, porque yo con una mina “me gusta de todo” no puedo estar. Prefiero que le guste lo contrario a mí y confrontar para ver qué escuchamos el domingo en la mañana a que sea una “me gusta de todo”. Las “me gusta de todo” son como las gomitas que vienen adentro de las tapas de coca: La gente las mordisquea, pero no tienen gusto a nada.

Pero claro, no fue encararla así como así, primero nos hicimos amigos, salimos juntos con la barra del laburo, y charlamos borrachos muchas veces en esas salidas en las que el sol termina apuntando con el dedo a los trasnochados. Y fue en una de esas salidas que terminamos enredados.

lunes, 31 de agosto de 2009

Mi primer divorcio (Parte 3)

Mi niñez no tuvo cosas destacables, fui inocente, pícaro, y un loquito lindo de cabellera a lo Cristóbal Colón. El divorcio de mis viejos no me convirtió en un infante criminal. Ni fui resentido con mis coetáneos colegas de escuela, que consultaban, y hasta envidiaban, mi calidad de multi hacendado. Recuerdo aquellas épocas con nostalgia, con cariño, pero no las recuerdo demasiado. Para ser honesto, ya me he olvidado de gran parte de mi infancia.

Igual, quizás ahora no venga a cuento mi infancia, pero bueno, me acordé del episodio del chupete y lo quise contar, por simpático -no yo, el episodio-, pero no, no viene a cuento de nada.

La historia real viene por la actualidad, ahora tengo unos cuántos pirulos más, ya se me están yendo casi todos los granos -de la cara y la cabeza-. Estoy terminando la facultad. Tuve dos novias, y un gran período de soltería entre ellas. O un gran período de soltería delimitado por dos novias. Me gustó para frasearla, perdón, las novias también fueron grandes, sobre todo la última.

Por encaminarme un poco más a lo que soy ahora, podría contar algo sobre ella. Su nombre era Marina, perdón, su nombre es Marina.

lunes, 24 de agosto de 2009

Invasiva

Como todos los días, luego de laburar desde tempranísimo, me acosté a dormir una siestita. Es común que mis siestitas sean cortas, muy profundas y con sueños raros, o muy largas y de levantada zombi. Ese día la siesta parecía de las primeras.

Habrían pasado quince minutos, hasta que un sonido extraño me despertó. No venía de mi casa. Venía de la casa de al lado, era mi vecino. Parece que mi vecino tenía un taladro. Parece que además tenía corriente eléctrica. Y ganas de agujerear paredes.

Al no ser un horario impropio, tuve que aceptar sin quejas. Pero el sonido se hacía cada vez más fuerte. No solo el sonido, también la vibración. Apoyé mi cabeza a la pared que está pegada a mi cama, para intentar precisar qué estaba pasando. En ese momento pude notar como era la misma pared la que vibraba, y exactamente en el punto dónde había apoyado mi cabeza. Al sentirme amenazado, alejé la cabeza. La pared vibraba cada vez más, y enseguida pude ver como la pintura se empezaba a descascarar y caer sobre mi cama.

Estaba muy confundido, así que seguí mirando sin reacción, de repente, cayó un pedazo de revoque, y la punta del taladro asomó de mi lado de la pared. Ahí me asusté y empecé a gritar, del otro lado no respondían.

En un momento, el taladro desapareció y se empezó a sentir otro tipo de sonido. Algo se metía en el agujero. Traté de mirar, pero la oscuridad del pequeño orificio me lo impedía, igualmente, no pasó más de un minuto, hasta que apareció una punta de un cable. Era un cable coaxial, de esos que tienen un círculo exterior, y un pinchito en el centro. Grité y golpee la pared. Pero no pasó más nada. Quedó nuevamente todo en silencio.

Finalmente, me di cuenta que el cable, encajaba perfecto en un televisor que tenía en desuso, así que acerqué la tevé, tiré un poco de la punta del cable y lo conecté.

Ahora no duermo más siestas, ya no sueño más. Corrí la cama, y la tele sigue ahí.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Mi primer divorcio (Parte 2)

Luego de eso vinieron las otras cosas. Vino la madurez de los tres años. Vino saludar por teléfono a la gente que me llamaba, y bueno, ni hablar que los pañales ya habían volado hace tiempo.

Pero el camino de la madurez no se detuvo allí, sino que además, me comenzaron a exigir respeto para con la nona, que ya estaba viejita, me pidieron que me porte bien en la casa de mis amigos, y que junte los chiches -en la mía-. Además, comenzaron a hacerme valorar la familia, me enseñaron a visitar, y a recibir con cariño, las visitas de mis tíos, de mis primos, y de mis primas (incluyendo aquella tan linda). Y me enseñaron también a visitarlo a él. A papá.

Los fines de semana son de papá, decía mi vieja, y entre semana, nos quedamos acá en casa. Era entre semana, el orden, el trabajo, la escuela, y la madre. Y el fin de semana casa nueva, cama nueva, cuarto nuevo, y aparentemente querían encajarme madre nueva, pero no aflojé.

Los años sucesivos se pasaron así, visitando una abuela, y la otra, unos primos, y los otros, y la prima linda ya no me gustó más. Ese fue mi primer divorcio.

lunes, 17 de agosto de 2009

Mi primer divorcio (Parte 1)

Cuando era chico, mis viejos me llevaron dejar por siempre mi chupete a un programa de televisión. Ese fue mi primer divorcio.

En el show, aparecía un robot extraterrestre que tenía una pinza por mano, de la cual colgaba un canasto, dónde se suponía que los niños buenos debían dejar su tesoro más preciado.

La ceremonia comenzaba con una serie de afrentas públicas, donde el conductor del programa gozaba mandando los trapos sucios al lavadero. Las frases con las que me buchoneó a mí, fueron exactamente las siguientes:

- Parece que Fernando, le pega al hermano, y además, le esconde los dientes postizos a su abuela.

Lo que seguía a la delación, era la respuesta condenatoria del público, que propulsaba variopintas expresiones de horror, que yo solamente respondía con pucheros.

Luego de la condena popular, el beneficiado, debía dejar el chupete en el canasto del robot -y así lo hice-, para finalmente recibir el aplauso del público y las frases complacientes del conductor de la farsa.

Finalmente, me hicieron unos regalos provistos por el principal auspiciante, y me volvieron a aplaudir y vivar. Ese fue mi primer soborno. Y mi primer divorcio, claro.

viernes, 7 de agosto de 2009

De pesado

Vení, vení, arrimate, vení a conversar un ratito. Vení. Conversame en bombacha, dale. No te estoy escuchando, lo sabés, y te encanta. Vení que te voy a cantar las cuarenta, veníte, veníte que te echo la falta con veintitrés y achicás, dale. Caminá, caminá, te digo. Caminá y ponete contra el paredón que te voy a tirar unos tiros. ¿O qué? ¿Vas a arrugar? Movete, mocosa. Calladita, vamos. No provoque, le digo. No provoque que sabe que se le complica. Epa. No se ponga bellaca. Córtela con esa picardía. No me mire así. Pare. Pare un poquito. No, no hagas eso. Soltá. Pará, vayamos más despacio. No era para tanto, che.

miércoles, 29 de julio de 2009

Olor

El olor no es problema mío, el problema es que mi olor molesta a los demás. Y no es asunto de higiene, yo me baño, sin embargo a la hora, hora y media, Dios se olvida de su omnipresencia por no acercarse a mí.

Por hablar sin eufemismos, podríamos decir que no es olor feo, quizá deberíamos llamarle simplemente hedor. No entiendo porqué, pero resultó que los efluvios de mi cuerpo son pestilentes, nauseabundos, y penetrantes.

El problema del olor no es mío, el problema que sí es mío es que no encuentro con quién aparearme. Digo, al menos nadie lo ha hecho sin vomitar.

Lamentablemente, llegando a la mitad de mi vida, no he podido solucionar este problema ajeno a mí, sin embargo, ya se como salvar la vida de mi hijo, en el caso de que él llegue. Mi hijo no va a apestar, por definición.

Mi hijo se va a llamar Inodoro.

jueves, 23 de julio de 2009

Triple traición

Franco y Guillermo, eran amigos de toda la vida, pero amigos, amigos. De esos que parecen siameses. Franco –y también Guillermo- eran tipos de guita, de mucha guita. Los viejos de Franco eran dueños de una cadena de supermercados, y los de Guillermo importaban no se qué cosa y la vendían acá al mayoreo.

Los tipos vivían en un barrio de la high, y ahí se habían conocido, desde chicos. También fueron al mismo colegio, debutaron juntos, y fueron mil veces compañeros de correrías.

Un buen día, Guillermo se puso de novio, y en pocos meses se casó con María del Luján, una pendeja que era muy buena gente, y además, estaba recontra fuerte. Pero Guillermo, que era flor de bandido, desde un primer momento la tuvo para el chijete y le puso las guampas todas las veces que pudo.

A todo esto, se enteró Franco del asunto y le mandó un mail a María, diciendo:

Mery, me enteré de lo que está haciendo Franco, y discutí fuerte con él, terminamos a las piñas y hasta me comí un par de garrones que me dio el pija de tu cuñado, escuchame, tenía ganas de decirte de ir a tomar algo el sábado, avisame si te dan ganas, un beso.

El sábado se juntaron, y terminaron encamados. Pero Franco no había llevado forros, así que, en determinado momento, paró la acción para pedirlos por teléfono. María –que estaba caliente como una pava- le dijo que no importaba, que siguieran, que ella estaba tomando las pastillas.

A los tres meses, María se separó de Guillermo. La carta del poder judicial llegó a la casa de Franco. Pedía un ADN, y el pago de la pensión para su futuro hijo.

viernes, 17 de julio de 2009

Triple tuerto

Era Franco de Acevedo Galo, mozo de lugares y hacienda, de bien habida y mucha fortuna, noble y honrado, pretendido de doncellas, y adorado de sabios y de vulgo. Su amigo, que siamés parecía, era Guillermo Roca Román, de no menos lugares y fortuna que nuestro antemencionado Franco.

Franco y Guillermo, díjose, vivían una vida sola en sus vecinas tierras. Guillermo, era también señor y amo de castillos y hacienda, por que atrujo la mirada de doncellas no contadas, al par de su par. Por ser Guillermo bien armado de paciencia y entendimiento, no eligió la enemiga de sus sueños, hasta no haberse asegurado de su grande discreción, comedimiento, y fermosura que ni sol de agosto le empatase. María de Luján Alcalá, contrajo estado con Guillermo a sus veintiuno años, por permiso de su padre, que en viendo la mucha discreción de Guillermo, no dudó de darle en casamiento.

Mas Guillermo no contentose con haber la más bella de las princesas, por precisar, pareciese, de más de una enemiga para vivir de buenas formas. La mala vida de Guillermo descubriose un último de marzo por Franco, que pronto interpeló en cara a Guillermo.

Las razones allí dichas fueron tan muchas como variopintas, por lo que no vienen al caso, como sí viene el deseo de Franco de acometelle a mojicones a su hermano por el grave desaguisado fecho. Mas no hubo allí pelea en brazos, sino en argumentos y razones.

Al otra semana, y en silencio rapaz, escribió Franco un billete para María de Luján y enviole por un mancebo de su hacienda, así rezaba el dicho:

“Fermosa y mi bien amada María:

Ya no puede soportar mi entendimiento el trato de mi amigo de otro tiempo, para vuestra merced. Llegó a mis ojos y a mis razones, que hubo Guillermo caído y no una, sino muchas veces, en tentación y en pecado. Porque pido que termínese su relación y contemple vuestra merced de posibilidades de ver el amanecer desde mi balcón en próximos momentos.

A sus pies, Franco”


Otro día de haber recibido María el billete de Franco, golpeaba la puerta del su castillo por proponelle de tener amores y criar un pequeño, comenzando luego. A lo que Franco respondiole que no podía aún tener un niño, por deber cumplir el servicio de marina el año entrante. De éste modo, y por las mismas razones, propuso María de Luján de engendrar igual el crío, y tenelle, y decille a Guillermo que él era su padre. Pedido al que accedió Franco, más por lujurioso qué por convencido de buena forma.

La relación, entonces, de Franco y María, se mantuvo secreta por durante dos meses, al cabo de los cuales, preñada María, alegre y campante contó al pueblo, del primer noble al último pastor, que habiendo dejado al infiel Guillermo por habelle puesto cuernos, era ahora esposa y madre del pequeño hijo de Franco de Acevedo Galo.

jueves, 9 de julio de 2009

¿Vos te crees que esto es una pensión?

- ¿Será posible que llegues otra vez borracho y a las siete de la mañana?

- Bueno mamá, es que...

- ¡Es que nada! ¿Vos te crees que esto es una pensión?

- Bueno, a decir verdad, sí mamá, te recuerdo que desde que papá falleció -víctima de aquella brutal enfermedad que lo fue secando hasta que crujió como una hoja en otoño- nos tuvimos que venir a vivir a una pensión, ya que papá era el que laburaba, mientras vos te hacías las manos y los pies, te peinabas, y te comprabas ropita sexy para los otros. Porque en eso sí tenés razón, el viejo llegaba tan cansado del laburo que no te tocaba ni una canción en el piano.

- Ah, ok.

lunes, 6 de julio de 2009

Carnicería "La abuelita"

Al fin llegó, para todos aquellos que la estaban esperando, Carnicería "La abuelita".

Así es amigos, llegó "La abuelita", la carnicería para ex-vegetarianos. Ustedes se preguntarán en qué consiste una carnicería para ex-vegetarianos, pues en sencillos términos lo pasaremos a explicar.

El querido y respetable vegetariano no come carne por no andar matando a los bichitos, y nosotros, con esta propuesta los vamos a dejar fríos, porque carnicería "La abuelita" es la única carnicería que vende carne de animal fallecido por obra y gracia del señor.

Vendemos animales muertos por muerte natural. Animales muertos de viejitos. No matamos al animal, somos pacientes y esperamos que se muera solo.

Para que tu chimichurri no bañe la crueldad: Carnicería "La abuelita".

miércoles, 1 de julio de 2009

De porqué la quiero

La quiero porque me abrazó llorando en un concierto, y no estaba emocionada por la letra de la canción, sino por la música. La quiero porque dice que mis lágrimas son más saladitas que las de ella, y me pide que pruebe. La quiero porque se despierta todos los días con la canción “Despeinada”. Porque cuando era chica le regalaron una muñeca flaca, y le puso pancita para que se pareciera más a su mamá. Porque es rara. Porque está loca la quiero. Aunque después me queje de eso, la quiero porque esta nena es un tango en inglés.