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jueves, 23 de julio de 2009

Triple traición

Franco y Guillermo, eran amigos de toda la vida, pero amigos, amigos. De esos que parecen siameses. Franco –y también Guillermo- eran tipos de guita, de mucha guita. Los viejos de Franco eran dueños de una cadena de supermercados, y los de Guillermo importaban no se qué cosa y la vendían acá al mayoreo.

Los tipos vivían en un barrio de la high, y ahí se habían conocido, desde chicos. También fueron al mismo colegio, debutaron juntos, y fueron mil veces compañeros de correrías.

Un buen día, Guillermo se puso de novio, y en pocos meses se casó con María del Luján, una pendeja que era muy buena gente, y además, estaba recontra fuerte. Pero Guillermo, que era flor de bandido, desde un primer momento la tuvo para el chijete y le puso las guampas todas las veces que pudo.

A todo esto, se enteró Franco del asunto y le mandó un mail a María, diciendo:

Mery, me enteré de lo que está haciendo Franco, y discutí fuerte con él, terminamos a las piñas y hasta me comí un par de garrones que me dio el pija de tu cuñado, escuchame, tenía ganas de decirte de ir a tomar algo el sábado, avisame si te dan ganas, un beso.

El sábado se juntaron, y terminaron encamados. Pero Franco no había llevado forros, así que, en determinado momento, paró la acción para pedirlos por teléfono. María –que estaba caliente como una pava- le dijo que no importaba, que siguieran, que ella estaba tomando las pastillas.

A los tres meses, María se separó de Guillermo. La carta del poder judicial llegó a la casa de Franco. Pedía un ADN, y el pago de la pensión para su futuro hijo.

viernes, 17 de julio de 2009

Triple tuerto

Era Franco de Acevedo Galo, mozo de lugares y hacienda, de bien habida y mucha fortuna, noble y honrado, pretendido de doncellas, y adorado de sabios y de vulgo. Su amigo, que siamés parecía, era Guillermo Roca Román, de no menos lugares y fortuna que nuestro antemencionado Franco.

Franco y Guillermo, díjose, vivían una vida sola en sus vecinas tierras. Guillermo, era también señor y amo de castillos y hacienda, por que atrujo la mirada de doncellas no contadas, al par de su par. Por ser Guillermo bien armado de paciencia y entendimiento, no eligió la enemiga de sus sueños, hasta no haberse asegurado de su grande discreción, comedimiento, y fermosura que ni sol de agosto le empatase. María de Luján Alcalá, contrajo estado con Guillermo a sus veintiuno años, por permiso de su padre, que en viendo la mucha discreción de Guillermo, no dudó de darle en casamiento.

Mas Guillermo no contentose con haber la más bella de las princesas, por precisar, pareciese, de más de una enemiga para vivir de buenas formas. La mala vida de Guillermo descubriose un último de marzo por Franco, que pronto interpeló en cara a Guillermo.

Las razones allí dichas fueron tan muchas como variopintas, por lo que no vienen al caso, como sí viene el deseo de Franco de acometelle a mojicones a su hermano por el grave desaguisado fecho. Mas no hubo allí pelea en brazos, sino en argumentos y razones.

Al otra semana, y en silencio rapaz, escribió Franco un billete para María de Luján y enviole por un mancebo de su hacienda, así rezaba el dicho:

“Fermosa y mi bien amada María:

Ya no puede soportar mi entendimiento el trato de mi amigo de otro tiempo, para vuestra merced. Llegó a mis ojos y a mis razones, que hubo Guillermo caído y no una, sino muchas veces, en tentación y en pecado. Porque pido que termínese su relación y contemple vuestra merced de posibilidades de ver el amanecer desde mi balcón en próximos momentos.

A sus pies, Franco”


Otro día de haber recibido María el billete de Franco, golpeaba la puerta del su castillo por proponelle de tener amores y criar un pequeño, comenzando luego. A lo que Franco respondiole que no podía aún tener un niño, por deber cumplir el servicio de marina el año entrante. De éste modo, y por las mismas razones, propuso María de Luján de engendrar igual el crío, y tenelle, y decille a Guillermo que él era su padre. Pedido al que accedió Franco, más por lujurioso qué por convencido de buena forma.

La relación, entonces, de Franco y María, se mantuvo secreta por durante dos meses, al cabo de los cuales, preñada María, alegre y campante contó al pueblo, del primer noble al último pastor, que habiendo dejado al infiel Guillermo por habelle puesto cuernos, era ahora esposa y madre del pequeño hijo de Franco de Acevedo Galo.