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lunes, 7 de septiembre de 2009

Centro de Asistencia al Suicida

- Buenos días, Centro de Asistencia al Suicida, habla Esteban; ¿en qué puedo ayudarle?
- Hola, Esteban, estoy muy mal, muy solo, hace años, estoy planeando aquello.
- Bien, señor. Dígame: ¿quiere zafar de verdad, o hacer un llamadito de atención nomás?
- No, ésta vez quiero hacer “el bueno”.
- Bien, es su decisión, cuénteme: ¿en qué piso vive?
- Piso 2.
- Ok, creo que no va a ser recomendable tirarse por la ventana. Corre el riesgo de quedar con las piernas quebradas. No es la idea. ¿Armas de fuego, tiene?
- No, la verdad que le tengo un miedo bárbaro a las pistolas.
- Bueno, vamos a ver ¿usted tenía alguna idea?
- Yo estaba pensando en alguna pastilla, pero esa la hice la otra vez y me terminaron haciendo un lavaje de estómago porque mi vecino escuchó mi caída.
- Claro, si nos hubiera llamado, le habríamos recomendado que tomara las píldoras ya recostado en su cama. ¿Tiene alguna pastilla ahora?
- No, muy poquito.
- Usted está de suerte, acabamos de inaugurar el delivery de barbitúricos, obviamente, la paga se realiza por adelantado, y en efectivo.
- En realidad, tampoco tengo mucho dinero.
- Bueno, entonces vamos a tener que pensar en métodos más rústicos ¿cuerda tiene?
- Eso sí, tengo una muy buena, de nylon, muy resistente.
- Perfecto, dígame otra cosa ¿tiene su apartamento alguna viga que pueda utilizar para sujetar la cuerda?
- No.
- Entonces vamos a precisar taladro, unos buenos tacos, y buenos tornillos. Esto tiene que quedar bien, bien firme, sino la paraplejía es casi segura.
- No, no, no puedo tomar ese riesgo.
- Por eso le digo, la instalación tiene que ser hecha con mucho ahínco, no se puede perder detalle. Otra cosa: ¿su casa tiene techo alto?
- No, es bien moderna mi casa, es bajita.
- ¿Y usted es alto? En ese caso podría ocurrir que las patitas, rozando el suelo hagan estragos en la intención inicial.
- Si, soy bastante alto. Creo que va a ser difícil colgarme acá…
- Otra opción es la cortada de venas. El corte de venas es una práctica harto complicada, ocurre que el suicida luego de realizar el corte, ante el dolor, suele apretar la muñeca cortada con la mano opuesta, y de esta manera realiza un torniquete natural que detiene el sangrado.
- ¿Qué opción me queda?
- Y…yo creo que su caso es complicado. No hay otra opción.
- Y bué, no queda otra, entonces. ¡Me quiero matar!

miércoles, 4 de febrero de 2009

Sufrimiento detenido

Carlos hundió el caño del metálico revólver en su papada, y se miró al espejo. Se vio arruinado, inundado de desgracia, despeinado, sucio. Hacía cinco días que no salía de la casa, ni tenía contacto con ninguna otra persona, más allá de los telemarketers, que le ofrecían un momento de ilusión mientras sonaba el teléfono, y otro más largo y pesado de derrota y percepción amplificada de su soledad.

Quitó los restos de cocaína de su nariz con la parte superior de su muñeca derecha, y se sirvió otro whisky. Lo bebió de un sorbo y se arrodilló a vomitar en el water.

Cuándo hubo terminado de vomitar, con los ojos llenos de lágrimas, y la cara tinta por el esfuerzo, quiso verse morir en el espejo, quería ver como su cerebro salía por la parte superior de su cabeza, para luego incrustarse en el cielo raso, cómo una mancha centrada en el agujero producido por la bala.

Quería verlo, para sentir un último sufrimiento.

Sin embargo estimó que este paso, merecía un ceremonial, así que limpió el revolver, y lavó sus manos antes de llamar a la muerte. Luego las secó con una toalla limpia y seca.

Finalmente tomó su última línea y apoyó nuevamente el arma en su cuerpo. Luego abrió bien los ojos para ver y gatilló.

El martilló golpeó, y por un instante no pudo mantener los ojos abiertos, sin embargo el cerebro no voló. El revolver no se había disparado. Sin pensar volvió a gatillar. Lo mismo. Un clic sin muerte. Otra vez. Y otra. Y otra. Lo mismo.

La semana anterior, Carlos había ido al templo de los pastores, y el incrédulo se había cagado de risa cuándo le regalaron el jabón de la descarga.