Llegué casi a la hora de función.
Pero no lo vi. El tipo no se había presentado. Exploté. Me había puesto linda, me había maquillado. ¿Y él señor no se presentaba?
Nuevamente, dudé si entrar o no. Pero ya estaba ahí, y la obra parecía interesante. Así que entré.
Debo confesar que me sentía un poco idiota. Nunca había ido sola al teatro, por alguna razón, me sentía observada, sentía que todos los demás ya se habían dado cuenta de lo que había pasado.
En los minutos previos al comienzo de la obra tuve la esperanza de que apareciera, apurado, excusándose por haber llegado tarde, pero no, tampoco eso ocurrió.
A cambio de eso, la obra empezó, y resultó ser lo suficientemente entretenida cómo para hacerme olvidar el mal momento rápidamente.
Martina interrumpió, exaltada:
¿No apareció más? ¡Es para matarlo!
Noelia le aclaró:
Si, apareció, pero ¿sabés como? ¡Arriba del escenario! ¡El tipo actuaba en la obra!
Martina se inclinaba hacia delante, con expectativa, cómo si eso no fuera una sesión más de terapia, sino una historia de una amiga que le llegaba en cuentagotas.
Yo no podía creer, éste tipo no paraba de sorprenderme, además, actuó muy bien.
Cuándo terminó la obra, me fui directo hacia la salida del teatro. Y ahí estaba, esperándome.
Crítica (sin spoilers) de Oppenheimer
Hace 1 año