El Gran Pez no persigue con esfuerzo su alimento, navega y abre la boca para recibir a los pequeños que no pueden evitar convertirse en su bocado. Él tampoco realiza desgastes cuando quiere recibir el calor y la luz del sol, simplemente abre sus aletas, las cuales lo hacen fácilmente desplazarse hacia la luz, y justamente por eso cae más fácilmente en la red vengadora de los pescadores orilleros que buscan su alimento utilizando un farol. No sufran, el gran pez no es inocente, inocente sería creer que ésta historia termina acá.
Crítica (sin spoilers) de Oppenheimer
Hace 1 año