Caminando entre las góndolas, no lo vi venir. Pero él sí me vio, cuando puse la vista al frente, estaba ahí.
Me volvió a pedir perdón, todo colorado, me dijo que lo que había hecho le había parecido divertido, pero que entendía que yo hubiera quedado con un poco de miedo, dado que no lo conocía.
Me aclaró que no era un sicótico, me dijo que no me preocupe, y me regaló un paquetito de bombones, a modo de disculpa.
Cuando se despidió de mí, con un beso, me dejó la mente revuelta, me sentía una idiota, obviamente lo había prejuzgado, cuando él simplemente había intentado hacer un juego entretenido, original.
Pero ninguno de sus actos era común. Y ésta no era la excepción.
Cuando el mundo se movió debajo de mi, para que yo llegara a la caja del super con mis bombones en la mano, y caminando sobre el aire, noté que los bombones, los tenía que pagar yo.
Lo siguió logrando: esa noche, me comí los bombones pensando en él.
Crítica (sin spoilers) de Oppenheimer
Hace 1 año